sábado. 10.12.2022
ENTREVISTA | Poeta | Luna Miguel

¿Cuántas palabras usamos en inglés y todavía nos cuesta el todes?

Luna Miguel (Alcalá de Henares, 1990) es poeta, editora de libros y autora de títulos como 'Caliente', 'El funeral de Lolita' o 'Pensamientos estériles'.  En esta entrevista en el Instituto Cervantes de Viena, la escritora habla sobre su técnica para escribir, sobre sexualidad, afecto y nuevos modelos de familia y maternidad. Miguel escribe desde Barcelona escuchando techno: "Si he hecho algo importante en mi vida que sí lo he conseguido, es poder marcar el ritmo". 
Luna Miguel en el Instituto Cervantes de Viena (Austria) | Teo Barnert
Luna Miguel en el Instituto Cervantes de Viena (Austria) | Teo Barnert

Tienes un montón de trabajos publicados, muchos libros pero también artículos de prensa y parece que te va bien. En esto de escribir… ¿te suele apetecer o te obligas a hacerlo?

Depende, hay veces en las que solo me apetece escribir. Por ejemplo, hoy por la tarde me he echado una minisiesta y he dicho: “Dios mío, tengo que sentarme a escribir”. Pero era tarde, tenía que ir al Instituto Cervantes y no he podido hacerlo. A veces me pasa también que estoy en mi casa, tengo que escribir y no puedo. Yo funciono un poco con deadlines y con presiones, presiones que me pongo a mí misma: ¿Seré capaz de escribir 3.000 palabras? ¿Seré capaz de resumir el libro que leí ayer? Entonces funciono entre la obligación y el placer de cumplir con ella. 

Por ejemplo, el aborto. Sigue siendo mi lucha hablar de esos temas que tanto me interesan, porque una se da cuenta de que parece que siempre hay que estar con un martillo rompiendo ese tabú 

Viviste en Niza, Francia, donde estudiaste un bachillerato de literatura, ¿Qué influjo tuvo esta experiencia en tu carrera como escritora? 

La verdad es que fue una maravilla, una especie de intercambio que pude hacer en primero de bachillerato que me permitió no solo hacer una suerte de Erasmus antes de tiempo, con todo lo que eso conlleva. Descubrir otra ciudad, descubrir otra cultura, de repente ser más o menos independiente a los 15 años. También me ayudó a escribir mi primer libro, Estar enfermo, que fue por un desamor que me ocurrió allí en Francia, así que realmente le debo mucho a ese sitio. Años más tarde, descubrí que mis padres me mandaron allí porqué estaban decidiendo si se divorciaban o no y un año sin mí era la manera que tenían ellos de descubrir si querían estar juntos. Esto lo comprendí luego, leyendo los diarios de mi madre tras su fallecimiento. Así que algo que había sido para mí un recuerdo de cierta emancipación realmente tenía un trasfondo que yo no conocí hasta el último instante. 

Tu poema Museo de Cánceres tiene un ritmo y un influjo que pareces haber escrito para que sea interpretado o leído a modo de manifiesto. ¿Qué papel juega la cadencia de tus textos cuando estás escribiendo? ¿Es algo que tienes presente durante el proceso de escritura, el efecto sonoro que va tener, o eso viene después?

Sí, yo escribo poesía en voz alta, por eso voy tan lenta. Decía lo de que me obligaba a mí misma, a ver si soy capaz de escribir, porque tardo mucho en escribir incluso un párrafo porque siempre tengo que leer en voz alta. Creo que tanto mi prosa como mi mi poesía tienen un ritmo bastante marcado, que incluso hay gente que nunca lee poemas en voz alta, que sin embargo leen un poema mío y ven que tienen ese ritmo. No sé si he hecho algo importante en mi vida, pero eso que he hecho sí que lo he conseguido: poder marcar el ritmo. Y Museo de cánceres nació como juego, nació para ser leído en un congreso de jóvenes poetas en Baeza en 2012 y, en la última parte, donde hablo de autores más jóvenes, metí los nombres de todos mis amigos. Y entonces todos se reían porque todos tenían un cáncer divertido asociado a nuestras noches de juerga. Cuando me di cuenta de que ese texto tenía quizá un valor más literario, más allá del juego, borré los nombres de los amigos. Sólo quedó uno en representación de todos, que es el de Unai Velasco, 1990, pero sí, desde luego nació como un juego.

Me parece fantástico todo juego que quiera romper con el lenguaje establecido, la literatura también va de eso y a mí el lenguaje inclusivo me parece profundamente literario, a pesar de lo que dicen muchos escritores, de que destroza nuestra manera de pensar y escribir

Vives en Barcelona. ¿Qué tiene de especial para ti esta ciudad? 

Tiene unas librerías estupendas, tiene a mi hijo, que es el barcelonés de la familia y tiene allí su vida hecha desde desde hace 6 años. Para mí Barcelona es sinónimo de la vida maternal, porque yo vivo entre Madrid y Barcelona, realmente. Paso ahí dos fines de semanas al mes por lo menos. Para mí Barcelona es la vida maternal y el sector editorial español está ahí. Las editoriales independientes ahora están más repartidas entre Madrid y Barcelona, pero es una ciudad en la que realmente tampoco estoy tanto, porque siempre estoy viajando... Menos en la época covid-19.  Para mí es el trabajo, la calma y la maternidad. 

Tus textos a veces pueden resultan crudos, directos, radicales, hablando de sexo, de cuerpos desnudos, entre otros temas. ¿Le das muchas vueltas al "qué dirán"? ¿Puede ser esto un escollo para la producción literaria?

Sí que pienso en el "qué dirán" porque inevitablemente una siempre tiene trolls. Entonces, una sabe que si va a hablar de sexo, de enfermedad, de dinero, si va a hablar de cualquier cosa, ya va a tener críticas y cotillas también. Me sorprende mucho cuando a veces dices algo que pensabas que no iba a ser tan polémico porque ya llevas hablando de ese tema tanto tiempo, y  de repente vuelves a ser polémico. Hablar del aborto, por ejemplo. Yo ya escribí sobre un aborto, columnas de opinión, textos sobre este tema y de repente que vuelva a ser tabú para el público general en el mundo periodístico se convierte en algo extrañísimo. 

Que lo mismo que parecía romper un tabú cuando empecé a escribir a los 18 años siga siéndolo o siga pareciendo que es romper un tabú a los 30 años que voy a cumplir, no lo entiendo. Sigue siendo mi lucha estar ahí hablando esos temas que tanto me interesan, porque verdaderamente una se da cuenta de que parece que siempre hay que estar con un martillo rompiendo ese tabú. 

A muchos escritores les permitimos usar sus erratas y sus malas maneras de usar el lenguaje y, sin embargo, cuando no es un escritor, sino una masa social plural la que está pidiendo modificar el lenguaje, no un intelectual señor, nos cuesta más aceptar esos cambios

¿Qué música escuchas? ¿Qué papel tiene la música en tu vida?

Escucho mucha música electrónica. Ahora viene el Sónar a Barcelona y después de la pandemia me gustaría ir este año. Escucho mucho reggaetón, la verdad: Bad Bunny me flipa. Escucho mucho trap español, sobre todo La Haine, que es un chico fantástico, con unas letras muy literarias y cinéfilas, un trap muy cultureta por así decirlo. La última canción se llama Viridiana, así que imagínate. Y luego también escucho mucha música francesa: esto se supone que me viene de cuando viví allí, pero me parece que el pop francés es bastante potente. Mientras escribo, me pongo techno.  

¿Cómo valorarías los avances en feminismo con el Ministerio de Igualdad dirigido por Irene Montero en esta legislatura? ¿Encuentras algunas carencias en su gestión?

Me parece que en todo el tema del trabajo sexual todavía queda mucho por hacer. Yo no soy abolicionista y creo que hay una persecución bastante evidente a las mujeres que ejercen el trabajo sexual, del mismo modo que veo una persecución muy grande a las mujeres trans y todo el tema LGTB... Que parece que hay llevarlos siempre con pinzas para que no se enfaden las grandes feministas de antaño. Hay muchos pasos y muchas contradicciones, y nos quedamos encasillados en debates que parecían que ya estaban resueltos. El eterno romper con ese martillo, que parece que no rompe nada, aunque siempre estamos haciendo ruido con él. Del mismo modo me parece que toda la visibilidad, todo el trabajo de comunicación que se hace de las violencias machistas, aunque sea en redes, es un reconocimiento a cada una las mujeres. Esto está muy basado en el periodismo que hacía Noemí López Trujillo, de darle nombre y contar la historia de cada una de esas víctimas. También creo que para que algo sea efectivo y se note el trabajo de alguien hay que dar más tiempo y más espacio, e Irene Montero lleva muy poco tiempo haciendo lo que está haciendo. Tal vez necesitemos muchísimo más espacio, si es que nos lo dan, los que parece que pueden llegar a quitárnoslo todo.  Yo le daría tiempo. 

¿Cuál es tu parecer al respecto del lenguaje inclusivo? ¿Te parece un debate aún pertinente en el ámbito político?

Me parece fantástico todo aquel juego que quiera romper con el lenguaje establecido, la literatura también va de eso y a mí el lenguaje inclusivo me parece profundamente literario, a pesar de lo que dicen muchos escritores, de que destroza nuestra manera de pensar y escribir.  Yo lo utilizo sobre todo en redes sociales,  me cuesta más utilizarlo en el habla. Cuando he viajado a Argentina o cuando hablo con amigas chilenas la “e” la usan muchísimo en el habla.  A mí todavía me cuesta eso, sin embargo, en escrito, prefiero utilizar la “x”. Creo que es un espacio de experimentación. Hace poco yo lo estiraba un poco el debate en redes sociales, diciendo que a Juan Ramón Jiménez le permitimos utilizar la inteligencia y la “J”, y a muchos escritores les permitimos usar sus erratas y sus malas maneras de usar el lenguaje y, sin embargo, cuando no es un escritor, sino una masa social, cuando quien está pidiendo modificar el lenguaje no es un intelectual señor, sino una masa social plural, nos cuesta más aceptar esos cambios. O cuando esos cambios vienen de un reclamo social y político, no de una aceptación de Twitter, de una lengua imperialista que nosotros usamos igualmente. ¿Cuántas palabras usamos que vienen del inglés y sin embargo nos cuesta todavía decir todes o todas y todos? ¡No, es que invertimos mucho tiempo! Y bueno, el español es un idioma amplio, fluido y grande que ocupa su espacio, ¿no? Está bien que ocupe lo que tenga que ocupar. 

Parece que en Argentina la lucha es mucho más dolorosa, es decir, ellas van con todo. Las luchas no están tan compartimentadas como creo que están aquí, en España, ahora mismo, sino que van con todo: con el aborto, con tal, con cual, hay una transversalidad en sus discursos mucho más grande que la que hay aquí, quizá porque aquí hemos ido por etapas consiguiendo cosas. Y allí los derechos fundamentales los están luchando. Esta política de "ir con todo", creo que ha beneficiado el haber conseguido todo al mismo tiempo, con esa rapidez y esa potencia. 

Si vienes de una educación en la que no te han hablado de cómo nos relacionamos afectivamente en las familias y de un colegio en el que no te han enseñado cómo son los genitales, ¿qué vas a hacer después con esos chavales que lo han aprendido todo de la pornografía?

¿A veces dudas de si lo que has escrito es bueno? 

Sí, siempre hay dudas pero tienes que  meditar tú misma, pasárselo a otras personas para que opinen. Yo tengo mis trucos: sé que hay gente que pase lo que le pase va a decir: “¡Qué bien!”. Entonces en ese ¡Ah, qué bien, me ha gustado!” tú sabes que es un “Si” con sus condiciones. Y hay gente que siempre te dice: “¡No, debes mejorar esto, esto y esto!” y sé que nunca les va a terminar de gustar lo que les mandó.  Yo tengo mi circulito de amigos a quiénes le mandó las cosas y tú ya sabes que se lo mandas para que te critiquen o para que te digan: “Yo editaría esto”.  Pero  si hay algo de lo que no estoy segura, lo dejó parado y vuelvo al tiempo y entonces, a lo mejor, te das cuenta de cuál es ese error: si es el ritmo, si es el tema, que no da más de sí. También abandono muchos textos. Ahora tengo un Patreon en el que escribo un diario, hay muchos temas que al final acaban saliendo en textos pequeñitos. Muchas veces empiezo a escribir algo y me doy cuenta de que no sale, de que no sale y ahí no puedo hacer nada. 

La educación sexual femenina es algo casi inexistente para muchas mujeres y tu producción literaria es bastante extensa al respecto. ¿Qué aspectos sobre la sexualidad podría resultar interesantes divulgar desde la niñez o la adolescencia para no vivir la sexualidad como un tabú, incluso en la edad adulta?

Yo tengo un hijo de 6 años a quien creo que no le han hablado jamás de sexualidad y relaciones, porque desde niños ellos se relacionan. Hay veces en las que él sólo juega con otros niños, nunca juega con niñas. O hay veces en las que, si juega con niñas, dice: “Se han burlado de mí por jugar con niñas o con juguetes de niñas”. Desde la misma infancia me parece que se debería ser mucho más consecuente con cómo se relacionan los niños: enseñarles otros modelos de familia. A veces traen unos dibujos en los que hay que poner la dirección donde viven los papás y claro, en mi caso, el papá y la mamá viven en casas diferentes. Y el papá y la mamá tienen novios o novias en sitios diferentes. Él no tiene herramientas para poder explicar esto en clase a otros amigos. Ya desde ahí me parece que hay una falta de conocimiento y que se presupone que todas las personas y todas las familias van a ser iguales.  Antes incluso de hablar de sexo, hablar de afectividad y de relaciones afectivas me parece importantísimo y es algo que creo que no se hace. 

Tampoco sé cómo son los libros de la asignatura de Conocimiento del Medio ahora, pero no se enseña nada, ni siquiera los genitales aparecen representados y, como mucho, aparecen de forma risible. Recuerdo reírme y de lo rápido que pasábamos siempre de esas páginas. Y en el instituto ya ni te cuento. Si vienes de una educación en la que no te han hablado de cómo nos relacionamos afectivamente en las familias y de un colegio en el que no te han enseñado cómo son los genitales, ¿qué vas a hacer después con esos chavales que lo han aprendido todo de la pornografía? Donde todo aparece desquiciantemente en exceso y sin contexto. No digo por ello que la pornografía deba ser mala en ningún caso, pero sí es verdad que si no hay paso previo es como pasar de no leer nada a leerse El Quijote. No puedes pasar de no saber lo que es una relación poliamorosa a, de repente, encontrarte con una orgía en internet. Me parece que hay muchos pasos que no se dan y, con razón, cuando un chaval o una chavala llegan a la adolescencia, lo único que tienen para formarse es lo más lo más extremo: es como tener nada.

Estamos en un momento de ruptura de muchas cosas

Sobre la violencia obstétrica o ginecológica. ¿Ves necesario este debate? ¿Estamos en España en un buen momento para debatir sobre esto? 

De mi generación conozco muy pocas mujeres que sean madres. En mi grupo de amigas ninguna con una edad entre 25 y 40. Todas las mujeres que conozco que han sido madres hemos parido por cesárea. Siempre te esperas que eso sea lo ultimo, que no sea ni siquiera una opción, y ahora parece que es la única opción "para que todo vaya muy rápido" y todo vaya muy…: “¡Venga, la siguiente!”. Me parece que hay mucha desinformación y yo misma, no sé por qué, tuve que parir por cesárea. No lo sé. Yo misma, que se supone que estoy formada en ciertas cosas, no sé de esto y en parte no he querido saber, porque me voy a enfadar. Ha llegado un momento en el que tenemos que informarnos sobre cómo estamos pariendo y de cómo nos están tratando. Hay una desinformación y un maltrato excesivo. Hay muchas asociaciones en Barcelona de partos más amables y más humanos, pero creo que todavía se les mira un poco como a unas locas: "¿Éstas qué quieren, parir debajo del agua?". Se estigmatiza todo, se estigmatiza cualquier opción que una quiera elegir para sentirse más a gusto con su propio cuerpo y con su propia maternidad. 

Recoges en Caliente esto que dice Gabriela Wiener de que nuestro erotismo es una mezcla de cultura, porno, moral y trauma. ¿Qué papel juega el dolor en la excitación, el no consentimiento y el abuso en nuestra concepción de la sexualidad?

Esto es complejo, pero yo creo que hay mucho estigma sobre el juego en el sexo. Comparto esta definición de Gabriela Wiener porque, obviamente, estamos hechas de todo lo que hemos leído y consumido y de todo lo que hemos vivido a lo largo de nuestras vidas: de la cultura y de la historia de nuestro género, etc. Pero también creo que estamos en un momento de ruptura de muchas cosas y comparto bastante todas estas teorías, también sobre que muchas veces hay que reapropiarse de lo que ha sido supuestamente malo o nocivo y romperlo desde dentro: puede ser productivo. Pienso que toda la cultura BDSM y todo ese juego del dolor dentro del placer es una forma de liberarse de todos esos pesos del pasado. Hay una cosa que tenemos que tener en cuenta, y es que no todo es para todo el mundo: que para alguien una cosa sea placentera no significa que para otra persona lo sea, desde luego. Me parece que mucha veces homogeneizamos los debates sobre sexualidad. Si para ti es horrible lo que dice una persona a la que le gusta, háztelo mirar tú también: ¿Por qué te parece mal que alguien diga que le gusta que le den hostias en la cara? Nuevamente es falta de información, si estuviéramos bien formados y si supiéramos todas las opciones que hay, ¿no sería más fácil elegir y no sería más fácil no jugar al otro por haber elegido lo contrario?

¿Un lugar en el mundo?

Almería.

¿Un libro para aprender sobre sexualidad?

Teoría King Kong de Viginie Despentes.

¿Una comida?

Cualquier queso.

¿Un grupo de música?

Bad Bunny.

Bisexualidad.

Siempre.

¿Una escritora?

Alguien joven, venga… ¡Elizabeth Duval!

¿Un escritor?

Alguien viejo… Javier Marías.

¿Una causa perdida?

Que vaya a perder esta tripa haciendo deporte.

¿Una revista?

Loca Magazine.

¿Un cómic?

Un mundo fantasma.

¿Un canal de YouTube?

El de mi novio, Ernesto Castro.

Jauría.

No sabría que decir… he pensado en la Manada.

¿Un derecho por conquistar?

El aborto en medio mundo.

Religión.

La lectura.

¿Una imagen erótica?

El canal de YouTube de mi novio (ríe).

 

¿Cuántas palabras usamos en inglés y todavía nos cuesta el todes?
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